La Gruta de la Virgen del Carmen en Liray

Reina de Chile

Durante el proceso de independencia, la devoción a la Virgen del Carmen se convirtió en un símbolo patrio de unidad y protección. En el año 1926, en un evento magno que convocó a medio millón de fieles, fue coronada como Reina de la Nación en el Parque Cousiño   de Santiago. Este reconocimiento oficial por parte de la jerarquía eclesiástica impulsó aún más la expresión pública y privada de esta advocación mariana, lo que trajo consigo la construcción de grutas como manifestaciones tangibles de fe. Fue así como, desde la cultura popular, las grutas a la Virgen comenzaron a brotar en puntos claves del paisaje, tales como carreteras y poblados.

Una gruta rara vez es el trabajo de una sola persona, sino un esfuerzo colectivo. Para el chileno creyente, la Virgen del Carmen no es una figura lejana, es una vecina solemne dedicada a la protección cotidiana. La estética de una gruta refleja la identidad del Chile popular, no hay mármol ni oro sino lo que la comunidad puede brindar: piedras, cemento, pinturas en tonos azules, rosados o pasteles. A su alrededor nunca faltan claveles y crisantemos o flores de plástico para desafiar el tiempo. Otro detalle muy típico es que casi todas las grutas de la Virgen tienen una reja de protección con un candado. Esto no sólo evita el vandalismo, sino que de manera inconsciente genera un espacio sagrado de resguardo, donde la gente acerca sus manos a los fierros para rezar o para introducir velas encendidas entre sus espacios. Dichas características  son parte de una grutita a la Virgen que permanece en un cerro isla en  Liray, Colina.

La gruta del Cerro Liray

  • Camino que ba por lo de Andres Páez a Chacabuco

Fue en la década de los 80 cuando visité por primera vez la grutita dedicada a la Virgen del Carmen, ubicada en una ladera del Cerro Liray, llamado localmente «Cerrillo». La gruta se orientó hacia poniente, mirando a la Panamericana Norte a la altura del km 24. Como curiosidad, en la antigüedad, el camino para llegar al valle de Chacabuco o Llay Llay pasaba por el costado oriente de este cerro ya identificado en un mapa de 1611 como referente vial.

Todo indica que esta gruta fue inaugurada en junio de 1975; probablemente se hicieron los esfuerzos para tenerla lista antes del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, a modo de homenaje. La Virgen protagonista habría sido otorgada por vecinas del sector, mientras que la construcción presumiblemente fue una obra colectiva en la que habrían participado trabajadores que faenaban la roca en el cerro (se dice que parte importante de estas piedras se usó para construir la Panamericana). Esta podría ser una de las razones por las que la gruta mira al poniente: como protección para quienes trabajaban o transitaban por la Panamericana, en esos años en que se hacían planificaciones y remodelaciones en su trazado. Además, se cuenta que a los pies del cerro se instaló un campamento de trabajadores, aunque es incierto entre qué fechas operó.

Recuerdos de la Virgen y el Cerrillo

Es en 1976 cuando se acepta la propuesta para la pavimentación de hormigón (de 0,21m) de la segunda vía de la Panamericana Norte, entre el sector Río Colina y el Peaje de Lampa. Cuando esta obra ya estaba en sus postrimerías fue cuando conocí  la Virgen del cerrillo. Recuerdo que en el sector donde habría estado el campamento (hoy Huevos Santa Marta), había una cantidad considerable de tarros de alquitrán, producto que en esos años era usado en las obras viales. Muchos de esos tarros estaban volteados en el suelo y, por ende, con el contenido desparramado; ahí mis zapatos de niña aprendieron que no era aconsejable caminar en días de calor sobre la viscosidad pegajosa del alquitrán (lo que además me incluía un reto por estropear zapatos).

En esos años de sol, tranquilidad y aire puro, subí muchas veces a visitar la Virgen. Se llegaba por una marcada huella que pasaba cerca de un algarrobo; solía llevarle una flor silvestre que tomaba al paso en la subida. Por fuera la grutita se veía de un blanco inmaculado: tenía suelo de hormigón, a su costado derecho había una base piramidal para colocar una bandera, contaba con varios veleros lineales y, además, tenía unos tres cilindros de cemento, de un metro aproximado, que cumplían el rol de maceta. No era una Virgen que quedaba de paso; se iba a ella con la intención de visitarla y estar. Desde ahí resultaba un placer observar el atardecer en el horizonte y hacerse acompañar de la energía de «la Carmela».

Desde la gruta, miraba con curiosidad hacia abajo las perforaciones cilíndricas en la roca, huellas de la época en que el cerro fue explotado. A veces nos aventurábamos más allá de la Virgen para jugar o explorar el cerro por completo. Hacia el sur del Cerrillo había una cueva artificial a la que llamaban «la mina». Se decía que era un túnel que cruzaba por debajo de la carretera hasta Santa Rosa, otros recomendaban no entrar ya que aseguraban que en lo más profundo habitaba un culebrón. La exploré por dentro en short, polera y chalas; hoy ni siquiera me animaría a entrar un poco.

En momentos difíciles se pide la intercesión de la Virgen del Carmen por nuestra patria, que tanto sabe de desastres naturales. El terremoto del 3 de marzo de 1985 -mi primer terremoto, que en el momento no sabía que lo era- nos pilló con mi hermano jugando frente al cerro. De aquel momento recuerdo  el festival de piedras que comenzó a rodar cerro abajo, más los gritos de mi madre llamándonos. Ya junto a ella, el acto seguido fue escuchar la voz acongojada de mi tía Nene mirando al cerro y pidiendo protección a la Virgen «¡Ay, virgencita, sálvanos!».

La gruta pasó la prueba del terremoto del 85 y de los siguientes que vendrían, pero la prueba del paso del tiempo se fue haciendo notar. Después de unas tres décadas, pude  volver a visitar el lugar en mayo de 2025. Me encontré con menos vegetación, una subida  muy erosionada y la gruta erguida, estoica, aunque con sus figuras decoloradas, con accesorios destrozados y con su entorno visiblemente desgastado. Con los años, los accesos a los cerros de la zona se han privatizado, dificultando las visitas a esta gruta así como a otros hitos locales. Sin embargo, la apacibilidad del lugar y su sentido sacro permanecen intactos. Ojalá recupere su esplendor y recobre valor como espacio de devoción dedicado a la Reina de Chile.

Camino La Viñita

El camino rural interior que pasa por el costado norte del Cerrillo -y que conecta la Panamericana con Liray- en el pasado era identificado simplemente como «callejón» o «callejón del Fundo». Aunque durante un tiempo también fue conocido como camino de los «Chincoles de Liray», esto al parecer, se asoció a un letrero publicitario que había en la Panamericana en dirección a  Santiago y que se ubicaba precisamente a la altura de donde comienza  el camino y el cerro. Este letrero, de color verde oscuro, publicitaba algo que mencionaba chincoles.

Ya entrado este siglo, por gestión de vecinos, este «callejón» rural comenzó a llamarse oficialmente «La Viñita» (desconozco la razón de la elección del nombre). Lo que se sabe es que en el sector había viñedos y que, alguna vez, en el Fundo de Liray se cultivó una pequeña viña cuyas uvas servían para producir vino. En lo personal, sentí el nombre «La Viñita» como un sutil guiño de lo divino mostrándose en lo simple, pues lo asocié a la Virgen del Cerrillo, ya que había una bella coincidencia: Carmen significa «Viñedo de Dios». Fue como si el lugar, al rebautizar el viejo callejón, buscara preservar la presencia de la Virgencita justo cuando la gruta comenzaba a recibir menos visitas. Tal vez «La Viñita» sea, en el fondo, un recordatorio para no olvidar la identidad, la protección maternal, la unidad y la fe que encarna la Virgen del Carmen.

Filomena de Liray

Hace años leyendo antiguos registros de nacimiento de Colina, vi que una mujer inscribió con su apellido a cuatro hijos el mismo día, en el recuadro ‘padre’ figuraba “no se expresa”, su nombre era Filomena.1

Filomena  Tobar Silva nació en la hoy Provincia de Chacabuco y quiero creer que en su infancia disfrutó del dulzor de las uvas asoleadas y tuvo momentos para subir a los cerros y refrescar sus pies en los manantiales.

Filomena , hija de Víctor Tobar y Carmen Silva, fue bautizada un día 7 de diciembre de 1881 en la Iglesia parroquial de Colina. Su nacimiento había sido pocos días antes en Liray, la hacienda donde sus padres residían y trabajaban. Tuvo hermanos al menos cinco hermanos: María (1880), Zoila (1882), Delia (1886), Víctor Juan (1890) y Juana del Carmen (1892). Probablemente desde pequeña tuvo que colaborar en las labores del hogar, no conoció colegio alguno, ni tuvo oportunidad de aprender a leer y escribir. Su mundo eran principalmente los márgenes de Liray, un Liray rústico, por cierto con bastante más vegetación que la actual, con huellas de tierra más que caminos, con precarias formas de iluminación nocturna y con las limitaciones materiales propias de la época referida. Adentro de la casita de adobe, lo más importante del hogar, el fogón, y afuera las artesas y las gallinas.

Cuando ya estaba en su adolescencia apareció en su vida Juan Roldan Santibañez, no hay datos que aludan a su origen, mas sí que era gañan y carbonero en Liray. Filomena de unos quince años a fines de 1896 tendría a su primer hijo2 y se casa (o la casaron) con un hombre que prácticamente le triplicaba en edad. El matrimonio se llevó a cabo en la Parroquia San Isidro Labrador de Santiago, un 20 de agosto de 1897. Luego vendrían más hijos Roldan-Tobar. Juan (1898), Carlos (1899-1901), Rufina (1901) y Regina (1905) quienes mueren tempranamente en Liray, a días de nacido, a excepción de Carlos.

Comenzando el año 1908 la salud de Juan Roldan se afecta y fallece en Liray de pulmonía el 17 de enero. Filomena enviuda a los 26 años. Sobrevive con ayuda de familiares y haciendo labores como lavandera.
Al año siguiente entra en su vida un hombre soltero, originario de Curacaví, que llegó a residir en Colina, José Luis Ayala. Filomena embaraza y tras ello se casan el 3 de noviembre de 1909 en la oficina de registro civil de Colina, sin embargo, se infiere que fue un matrimonio corto, de dos años aproximadamente. El hecho es que José Luis a tres años del evento ya no figura en la vida de Filomena, aun no he podido determinar si se fue de Liray o murió, si es lo ultimo significó que Filomena quedó viuda por segunda vez.

Fue un 4 de noviembre de 1912 cuando Filomena y su hermana Zoila junto a su novio Juan de Dios Gonzalez acuden al registro civil de Colina a inscribir a sus hijos. Precisar que en esta época, sobre todo en áreas rurales, no era habitual inscribir a los hijos inmediatamente tras el nacimiento,3 había mucha precariedad en el país y un tercio de los niños moría antes de cumplir el año de edad y en algunos sectores de Santiago esta tasa era más alta aun. Bien, aquel día Zoila y Juan de Dios inscriben a dos de sus hijos y Filomena registra a cuatro hijos con su apellido ‘Tobar’. Todos nacidos en Liray, Ana Amelia (16-11-1904), José (10-10-1907), María Claudina (04-05-1910) y José Luis (25-11-1911), los dos primeros hijos de Juan Roldan y los dos últimos serían hijos de José Luis Ayala.

Los siguientes años de Filomena no deben haber sido fácil junto a sus hijos. Probablemente buscando nuevas opciones que facilitaran su vida, en un año no definido, deja Liray y se va a vivir a Santiago a la calle Arturo Prat.

En 1937 enferma, falleciendo a fines de diciembre, sus restos fueron sepultados en el Cementerio General de Santiago. Así fue parte de la vida de Filomena Tobar, que como otras mujeres de su tiempo, me refiere a la frase inscrita en la cripta asociada a Santa Filomena: «Lumena -PaxTe – Cum Fi», es decir, «La paz sea contigo, Filomena».

Para las mujeres del «bajo pueblo», la maternidad no era una vía de liberación sino todo los contrario (…) Las mujeres de «bajo pueblo» avanzaron por la historia flotando, no en la cresta del desarrollo económico, cultural y social de los periodos colonial y postcolonial -como las matronas oligarcas- sino en las borras del bajo fondo y en la resaca de la retaguardia. Nadando en las aguas cenagosas del código moral ‘b’, y no en las luminosas del código moral ‘a’. Su ascenso al espacio publico fue, pues, lento, tortuoso y multivariado. Y largo. Pues las olas rezagadas de la conquista las siguieron golpeando cada vez que asomaron a la superficie, tras haber creado una ruta propia de liberación. (Salazar, 2002, p.137)

  1. Nombre del griego Philumene = Amada ↩︎
  2. Oscar Filomeno, bautizado en la Parroquia San Isidro Labrador, Santiago  ↩︎
  3. Esa misma tardanza en proporcionar datos al registros civil hacía que muchas veces los datos entregados por los padres no fueran precisos mas cuando muchas veces ni ellos sabían que edad exacta tenían.  ↩︎

Juan Pinto Durán y el monolito

La Serena 13 enero 1913,  + Liray 03 noviembre 1957

El accidente

Era domingo 3 de noviembre de 1957, en la semana 44, cuando Juan Pinto Durán de 44 años viajaba en su automóvil Ford 51 (CA S̊ 347) desde La Serena a su domicilio en Santiago, lo hacía en compañía de Hernán Arredondo Abarca de 28 años. Hay que considerar que por aquel entonces el tramo de la panamericana Santiago-La Serena llevaba pocos años operativo y de los 474 kms. aun habían tramos sin pavimento1, esencialmente era una calzada con una pista por sentido, por tanto es de imaginar que era una ruta con escasos servicios y muy oscura al anochecer.

El sol ya se había puesto cuando los viajeros pasaban por el km. 26. Fue en este tramo, entre el cruce de Liray y el peaje de Lampa (inexistente aun), donde al auto de Juan se le habría pinchado un neumático, tras esto debió detenerse y bajarse para cambiarlo. Estando en este acto, inesperadamente, fue impactado por una camioneta, se cuenta que también estuvo involucrada en el accidente una carreta por lo que se trató de una triple colisión. Juan Pinto Durán murió instantáneamente, eran las 19:35 hrs. en tanto su acompañante, que sufrió graves heridas, igualmente falleció en la posta del Hospital J.J. Aguirre. Habían pasado catorce meses de la gesta de Lisboa.

Sus restos fueron trasladados esa misma noche a la sede de la Asociación Central de Fútbol, donde fue velado. En la mañana del martes 5 de noviembre el cortejo fúnebre, con múltiples ofrendas florales, se dirigió a la iglesia de la Recoleta Dominica, en Avenida Recoleta, donde se le ofició la misa de requiem, tras ello fue sepultado en el Cementerio General. En el funeral de Juan Pinto Durán se hicieron presente las delegaciones de todos los clubes de fútbol profesional nacional, así como de otras numerosas instituciones deportivas, personas del colegio de abogados, escuelas universitarias, banco del Estado, poder judicial y parlamento y representantes de la industria y el comercio. Entre otros, hicieron uso de la palabra Carlos Dittborn presidente de Comité Organizador del Mundial de futbol de 1962 y Julio Martínez a nombre de la prensa y radio deportivas.

Dos años después de su muerte, el entrenador de la Seleccion chilena Fernando Riera solicitó la construcción de un complejo deportivo donde el equipo pudiera entrenar. La Asociación Central del Fútbol –hoy Asociación Nacional de Fútbol Profesional– compró los terrenos en Villa de Macul en cuyo lugar nació la ‘Casa del Fútbol’, nombre con el que se inauguró en 1961 y que duró hasta 1997 cuando se rebautiza como ‘Complejo Deportivo Juan Pinto Durán’, un homenaje que llegó luego de  cuarenta años de su muerte.

La trágica noticia

La noticia nos golpeó brutalmente. Primero nos dio la sensación de lo imposible, del absurdo. Y luego, admitida la triste realidad, experimentamos el peso abrumador que agobia al alma humana en las desgracias irreparables: víctima de un accidente automovilístico había fallecido Juan Pinto Durán (…) Como hombre cultivó la amistad y la fraternidad; como abogado defendió la justicia y el derecho; como dirigente del deporte fue sano y optimista y trabajó sin desmayos por una causa que abrazó con pasión, y a la que entregó su talento y las mejores horas del descanso.

Juan Pinto Durán nació al deporte bajo el alero de Universidad de Chile. Fue su vocero en el Consejo de la Asociación Central de Fútbol. Su visión e inteligencia le permitieron, destacar con relieves propios. Pronto se elevó a un plano nacional en cargos de alta responsabilidad en la mesa de la Asociación y de la Federación de Fútbol de Chile. Subió por propia gravitación, impulsado por su labor constante, honesta y positiva. Fue un real y auténtico personero del fútbol nacional desempeñando funciones vitales para su progreso y prestigio. No fue por un azar del destino que haya estado presente en Lisboa cuando la FIFA le entregó a Chile la sede del Campeonato Mundial de Fútbol. Se le dio esa misión porque se sabía de su capacidad, y de lo que era capaz de obtener. Se le dio toda la confianza así como se les entregara también a Carlos Dittborn y a Manuel Bianchi Gundián. Fueron los 3 Mosqueteros cuya voz y autoridad otorgaron a Chile el mejor de los triunfos de su historia futbolística. La magna Asamblea de Lisboa fue la consagración internacional para el fútbol chileno, su organización y solvencia moral, pero por sobre todo, fue el triunfo de Juan Pinto Durán y sus dos dignos compañeros en la gran conquista (…)

Juan Pinto Durán ha caído en el mejor momento de su vida, a consecuencia de un zarpazo que por lo inesperado e injusto, nos deja más anonadados. Nos enluta a todos los que de una otra manera convergemos hacia la órbita del deporte. Quienes tuvimos su amistad, o simplemente, quienes estuvieron en su ruta futbolística, no tenemos otra alternativa que aceptar el hecho fruel de su desaparecimiento. Hagámoslo sólo físico, porque al dirigente y al amigo, al hombre, no lo podremos olvidar. Y rindámosle un permanente homenaje de admiración y recuerdo luchando por lo que él tanto quiso y se esforzó: el fútbol chileno.2

R.H.L

El monolito

En el km 25 de la calzada oriente de la panamericana norte, próximo al cruce Liray/Batuco, no sin dificultad solía asomarse entre zarzamoras y pastizales un monolito de base cuadrada en memoria a Juan Pinto Durán, era un pequeño obelisco de material solido como concreto en cuya parte superior se posaba una pequeña copa, del mismo material, y que en su cara frontal tenía grabado su nombre, Juan Pinto Durán.

De vez en cuando alguna persona en anonimato con rozón o pala le daba nuevamente visibilidad. A veces, principalmente en primavera, se detenían pequeñas comitivas en impecables vehículos a contemplarlo y en ocasiones dejaban algunas flores. Desconozco el año en que este monolito fue situado en aquel lugar, de lo que sí puedo dar crédito es que ya estaba a comienzos de los 80´s cuando se hizo una pavimentación con hormigón de la segunda vía de la panamericana (sentido norte) entre Lo Pinto y el Peaje de Lampa.

El monolito que hacía memoria a Juan Pinto Durán, en el sector donde dejó este mundo, fue retirado definitivamente a comienzos de los 2000, esto tras el proceso de concesión Ruta 5, Tramo Santiago – Los Vilos que fue adjudicado a Concesionaria Tribasa Los Vilos S.A. hoy la Sociedad Concesionaria Autopista del Aconcagua S.A. Con esto vino una modernización de la ruta panamericana con nuevas vías, nuevos encales, etc. así como la construcción de calles de servicio. Esta ampliación significó el retiro de decenas de animitas entre ellas la de quien fue uno de los artífices del Mundial de fútbol del ´62. Muchas animitas fueron reconstruidas en los nuevos limites de la ahora Autopista Aconcagua, sin embargo, el monolito del insigne Juan Pinto Durán no volvió a reaparecer.

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Porque nada tenemos lo haremos todo.

Carlos Dittborn

  1. A fines de 1957 había 157 kms de suelo estabilizado ↩︎
  2. Diario La Nación 4 noviembre 1957 ↩︎

Heridas en el Cajón de Las Tórtolas

Inserto en el Cajón de las Tórtolas o valle del Quilapilún comenzó a operar el Tranque de relaves Las Tórtolas, era 1992. Previo a ello en marzo de 1990, en el Fundo Cajón de Las Tórtolas, trabajadores de la otrora minera Disputada de las Condes haciendo labores de remoción de terreno encontraron tres cuerpos maniatados junto a una antigua pirca tapados con piedras de la misma. Aquellos cuerpos correspondían a militantes del partido comunista, detenidos desparecidos1, una herida de la historia política e ideológica.

El tranque de relaves se posicionó dentro de una cuenca rodeada de cerros donde sobresale el cerro Las Tórtolas (1162 msnm). No se puede obviar que inundó un universo de biodiversidad, así como las huellas valiosas de nuestros originarios habitantes, huellas que están presentes en la amplitud del valle y en la quebraba Carmen Alto que fue cercenada por el depósito de relaves, y si bien las prospecciones arqueológicas recuperaron miles de elementos, entre ellos bloques de roca con ‘tacitas’, inexorablemente miles y miles quedaron bajo la superficie. Estas implicancias me llevaron a pensar en los traumas.

La palabra trauma viene del griego, significa herida, su raíz titrosko está asociada con una raíz indoeuropea *terə- frotar (moler girando) y las palabras tribulación, triturar y trigo. Es decir, es un concepto que se relaciona con los golpes, cortes, rupturas  que se experimentan a lo largo de la existencia.

Sinforosa a fines del siglo XIX

1893 tuvo un registro de lluvias muy inferior al promedio normal anual, 238.77 mm. Ese año, aunque no es lo frecuente, por un fenómeno atmosférico especifico llovió en el mes de diciembre. En pleno solsticio, las primeras lluvias se presentaron un viernes 22 entre la 1 y 2 pm con 0.60 mm. Al día siguiente, 23 de diciembre, alrededor de las 11 am, se registraron leves 0.20 mm de lluvia por lo que labradores y gañanes del Cajón de las Tórtolas continuarían en sus labores habituales. Sin embargo, a partir de las tres de la tarde comenzó a llover nuevamente, esta vez con tempestad eléctrica, registrándose 10.85 mm en una hora. Es en este contexto en el que mueren al menos dos residentes de Quilapilún, la causa documentada en el registro de defunciones es: Ahogado. A ese día llegó el eco de un relato oral que escuché recién este año «murieron varios en las Tórtolas por un aluvión».2 Santiago Segundo Beiza Gonzalez, era un joven de 18 años, gañan, soltero, hijo de Jose Santiago Beiza y Petronila Gonzalez Pacheco. Juan de Dios Hernández  Nuñez de 36 años, labrador, casado con Sinforosa Beiza, tuvieron al menos seis hijos, el menor tenía siete meses en diciembre de 1893. La defunción de ambos fue comparecida en la oficina del registro civil por Esteban Beiza, junto a Pedro Tapia y Aurelio Ortega como testigos. Los apellidos involucrados, en este nuevo tiempo, perduran en la provincia de Chacabuco.

Sinforosa sufrió el duro golpe de perder al mismo tiempo a su hermano y a su esposo, se mantuvo en pie y sus pasos la llevaron a Batuco. A pesar de las heridas del terreno como la vegetación tomó fuerza en un rayito de luz  para renacer. Hay heridas que nos hacen fuertes, los traumas nos hacen ser quienes somos hoy.

Escuchar la voz interior

Es innegable que hay diversos factores que traumatizan nuestro entorno natural así como nuestra estabilidad emocional, ante  esto es sustancial encontrar balance y equilibrio, y  precisamente la función del equilibrio se encuentra en el oído. Hay que recordar que Quilapilún viene del mapudungun y significa «tres orejas«, por su parte Tórtola (zenaida auriculata) viene del latin turtur que es una onomatopeya del sonido que hace dicha ave. ‘Zenaida‘ (nombre femenino) deriva del griego y significa «hija de Zeus»3 y ‘auriculata‘ viene del latín y significa «oreja» (aurícula). El silencio es llave de todo sonido.

Dicho lo anterior quiero concluir que  el valle del Quilapilún o Cajón de Las Tórtolas en esencia nos llaman a lo mismo: a escuchar, a escucharnos, a escuchar a la naturaleza, a escuchar a los que estuvieron antes, a escuchar en el silencio profundo la voz interior que marca el ritmo en esta sinfonía cósmica.

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  1. Eduardo Canteros, Vicente Atencio y José Flores ↩︎
  2. El cómo se produjo la muerte de estos antiguos vecinos, así como el lugar exacto, aun es materia de investigación ↩︎
  3. Zeus del griego deriva de la raíz indoeuropea dyeu-/dyu-, que significa “luz diurna, brillar”. ↩︎

Las moras

En nuestro valle, a orilla de caminos y canales de riego, se observan cada vez menos plantas de origen nativo. En este sentido el palqui es uno de los arbustos que con más frecuencia se puede observar. Dentro de este contexto aún es posible visualizar las zarzamoras, que si bien fueron introducidas en el siglo XIX, en corto tiempo se hicieron parte constitutiva de la composición de nuestro paisaje rural (más bien semi rural en la actualidad). Por sus características, abundante ramaje y espinas, la introducción de la zarzamora (rubus ulmifolius) tuvo por objetivo hacer setos impenetrables y que así mismo neutralizaran la polvareda que se levantaba en los multiples caminos de tierra.


Un concepto que me evoca las zarzamoras es el entusiasmo. Y es que hace no muchas décadas, en el apogeo del verano, era cuando estos arbustos lucían sus frutos oscuros, sus moras. Era la llegada de la época en la que  grupos de niños, jóvenes o familias llenos de entusiasmo recurrían a sus zarzamoras conocidas para cosechar sus frutos. A veces, en su mayoría, tocaba sortear algunos obstáculos como acequias con abundante agua, a veces tocaba evitar los rasguños de espinas, a veces tocaba aspirar el polvo que era removido de sus hojas tras desprender las moras. Aquello solo eran detalles de una aventura, la motivación mayor consistía en cosechar la mayor cantidad de moras o murras, como son llamadas en el sur, pues una generosa cosecha significaba la elaboración de una dulce y apetitosa mermelada.

Era común escuchar desde las zarzamoras cuchicheos pero sobre todo risas, risas que parecían estar en sintonía con esa energía que nos hace sentir vivos y alegres, el entusiasmo (de ‘en’ + ‘theos’) que significa nada más ni nada menos que tener a Dios  adentro.

Aires de septiembre

Rememorar 1959. Aquel año el presidente era Jorge Alessandri Rodríguez, se establece por moneda el Escudo,  la universidad Católica de Valparaíso (ucv) comienza sus transmisiones televisivas y en Washington se firma el tratado Antártico que establece que la Antártica será usada exclusivamente para fines pacíficos y científicos.

Ese mismo año, un primaveral día de septiembre, la comunidad del fundo Santa Marta (Colina) se reunía a los pies del cerro, en cercanía a la medialuna.  Fue un día de campo, un día de esparcimiento, un día de respirar la brisa de primavera y de sentir el abundante manto verde inspirador de buenas cosechas. Hulllies, azulillos, añañucas, se asoman  por montones en esta época, mientras las amarillas flores de los espinos emanan sus intensos aromas. A la par el ambiente resuena con el sinfónico trinar de los pajaritos, tan parte del valle como la comunidad misma.

“En las celebraciones al patrón le gustaba ver reunidos a los inquilinos con sus familias. Los hacía bailar, era alegre el hombre”.

Varias veces fui a observar el lugar, en mi caso nunca vi medialuna.  Por años se mantuvo la esencia nativa del  paisaje, el verdor tras el invierno,  los espinos, algunos algarrobos y de fondo húmedas quebradas, que hacían sentir vívidas las radiantes sonrisas y el entusiasta baile zapateado del administrador. Venía al presente la alegría de ese día de esparcimiento y del compartir en comunidad, en un entonces en que poco se vislumbraba el advenimiento de transformaciones en la fisonomía del campo chileno.

Al hoy la falda del cerro, donde otrora estaba la medialuna, fue dando lugar al proyecto inmobiliario de Santa Elena. Por añadidura el paisaje ya no es tal, independiente de como lo veamos, hay  una constante: el cambio. A pesar de ello, quedan las emociones que se transforman en sentimientos que pueden traer una y otra vez a aquellas vivencias. Es por ello que no vemos fotos viejas como algo propio del pasado, sus historias no son algo que estén aparte del presente, de hecho somos producto de una historia viva, pues siempre hay historia por ser descubierta sólo hace falta una pregunta, un indagador o un lector que como ahora  revele  sus propias emociones y memorias para fundirlas con estas imágenes y palabras.

Como aquel septiembre de 1959, poco sabemos qué nos deparan los próximos años, sin embargo, habrá cambios, nuevas formas, nuevas personas. El mensaje de 1959 es constante: diversión, abrazando desde el corazón esta  tierra que nos conecta.