Caminos transitados por antepasados, cada quien con sus anhelos, conflictos, emociones. Nuestros ancestros son el vehículo que condujo hacia nosotros mismos, por eso reconocer la herencia cultural y cuidar los caminos que elejimos es, en esencia, honrarnos.
Al paso se muestra vigoroso y resistente. Lo miro, sus ramas resonantes también me miran, y entre susurros me da cuenta de sus experiencias al lado del camino desde el año 1956
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*Pimiento (schinus molle) ubicado en camino Liray con camino a Santa Elena (hoy San Miguel)
Se dice que la Cancha del Gato debe su nombre a un animal (indeterminado) de llamativos bigotes que se divisaba por el sector. El antiguo Camino Real hacia la costa, próximo a Tiltil, pasaba por este lugar que fue escenario del triste fin del prócer Manuel Rodríguez.
“Un arriero vivía por acá cerca, don Hilario Cortes, al escuchar el balazo se esconde entre matorrales, luego ve que las tropas se van con un caballo vacío. Él vuelve al otro día, a ver qué pasaba, y encuentran en el lugar a Manuel Rodríguez enterrado…¡treinta y tres años tenía ese joven lleno de sueños! Fue llevado a la iglesia de Titil, gracias a Tomas Valle, juez local de ese entonces y buen amigo de Manuel”.
De excursión a los verdosos cerros de Guay Guay miraba con curiosidad una medialuna a la izquierda del camino, de pronto una de las acompañantes comenta: Más allá estaba la universidad. ¡Vaya! -piensa- nunca me enteré de una universidad por estas tierras…
Al rato, con una sonrisa medio pícara, le indica que mire hacia la derecha ¡Ahí estudié yo!
Era esta casa de adobe, impregnada de ruralidad y amarillo, que en su tiempo sirvió de escuelita para hijos de trabajadores de la hacienda Guay Guay y de la vecina Chicureo. “Ahí aprendíamos las primeras letras y a sumar…” más crecidos, queriendo o no, debían trabajar en labores afines a las de sus padres.