
*Este totoral dejó de existir en 2018
El totoral se ubica en el límite sur de la comuna de Colina, entre la Panamericana Norte, ruta 5, y Autopista Los Libertadores, ruta 57, tiene una extensión que bordea las 80 ha. Hidrogeológicamente se encuentra en la subcuenca de Colina Sur.
Este totoral, se puede catalogar como un sobreviviente, a la acción humana y al explosivo crecimiento industrial que ha tenido el sector norte de Santiago. Esto a pesar de que los terrenos que acompañan el lugar, se consideraban, inundables. Por ello significaba un área apta para el desarrollo de la totora, con tierras fangosas, donde solían escurrir aguas provenientes de arroyos cordilleranos o que bien, por el nivel bajo, se anegaban por la acción de lluvias.
De los muchos totorales que bordeaban la Panamericana Norte, este es el único que permanece en estado natural, y su producto vegetal es transformado en artesanía en un taller en el km. 15 ½ de la ruta 5 norte.
Se dice que totora viene de «tutura», lengua quechua, y es que eran los antiguos habitantes quienes aprovechaban todos los beneficios de la planta[1]. Actualmente por la intervención de aguas así como por la escasez de este producto, la humedad del totoral ya no se mantiene de forma natural, es por ello que debe ser regado en forma artificial por las mismas personas que trabajan en su artesanía.
Además, por factores ambientales, hoy ya no se avista en el lugar fauna nativa. Por fortuna se preserva la flora, ya que aparte de la totora se pueden encontrar en cantidades considerables paja brava, juncos, y estoquillos.
Este totoral es único en el sector ya que posee todas las facultades para ser conservado y difundido por medio de la Educación Ambiental. Además es un importante factor del mantenimiento de la diversidad cultural por ser fuente de un oficio remoto, parte del patrimonio cultural inmaterial[2] , como es el trabajo de elaboración de artesanías.
Importancia y valor
El totoral de la Panamericana Norte, con orígenes de humedal[3], es un paisaje que de concebirse como Área Protegida ayudaría a neutralizar la frialdad y monotonía del paisaje cultural que lo rodea. Además, como otros lugares donde se desarrolla esta flora, constituye un recurso con potencial económico, cultural, científico, turístico, y educativo que hacen necesario conservarlo por los beneficios que posee.
En segundo lugar, se encuentra en una zona donde el entorno natural ha sido intervenido por industrias. De ahí su importancia, ya que el “totoral” ayuda a atenuar los efectos del cambio climático y cumple una función de limpieza medioambiental al actuar como sumidero de carbono, en ese sentido la totora es una de las plantas que logra mayor captación de carbono (20.1 t c/ha)[4]. A ello beneficia que la totora crece sobre 2 metros de altura y se cosecha dos veces al año.
La flora debe promoverse en base a su prestación de oxigenación como por su utilidad. En este sentido la totora tiene múltiples usos, y en América ha sido aprovechada desde tiempos remotos, por ejemplo, el Inca Capac Yupanqui habría mandado a construir un gran puente de totoras en las cercanías del lago Titicaca (Palomino y Cabrera, 2008).
En la agricultura, la totora, se puede usar como fibra de amarre, que es una alternativa sustentable al amarre de plástico. Se pueden hacer paraguas para proteger las plantas tiernas del sol y las heladas. En descomposición junto a la tierra y otros componentes orgánicos sirve de compost. Como forraje para animales. Además, le proporciona trabajo a un grupo valorable de personas, quienes crean y comercian variedad de artesanías, como esteras, cortinas, individuales, artículos decorativos, paneras, sillas, etc.
El trabajo de la totora es un antiguo oficio, parte del patrimonio americano, que desparecería solo por una irresponsabilidad cultural.