Plaza Peaje de Lampa

Peaje de Lampa 1966

De Liray a Lampa

La Plaza Peaje de Lampa, del km 26 de la Panamericana norte o Ruta 5 norte, fue inaugurada el 12 de septiembre de 1966 y vino a ser el tercer Peaje del país. El primero, que puso en práctica la Dirección de Vialidad, fue el de “Angostura” en 1963 y el segundo sería el “Zapata”.

En un comienzo el Peaje se denominó “Liray”, sin embargo, terminó llamandose “Lampa” dada la cooperación ofrecida por el alcalde de Lampa de la época, don Oscar Piña. En sus inicios Carabineros de Chile a través de la Tenencia de Colina contribuyó en la vigilancia del Peaje, hoy lo hace la Tenencia Carretera Lampa ubicada del km. 27 de la ruta 5 norte.


La era de las Concesiones

En la actualidad el Peaje de Lampa es parte de la Autopista del Aconcagua y cuenta con un sistema mixto de cobro, telepeaje y cajas de pago manual. Los cambios comenzaron a gestarse a inicios de la década de 1990 debido a que las principales rutas del país no estaban dando la capacidad en relación al crecimiento de viajes, especialmente de vehículos de carga, además había congestión cerca de las ciudades y un incremento en la tasa de accidentes. Se argumentaba que el Fisco no contaba con los recursos necesarios para hacer cuantiosas inversiones en mejoramiento vial. Así en 1996 se crea la Coordinación General de Concesiones, que desde su inicio tiene un carácter funcional de la Dirección General de Obras Públicas, siendo una estructura flexible y dinámica que asegura el necesario proceso interactivo entre los sectores publico y privado. En este contexto partió la concesión de la ruta 5, el mayor proyecto de infraestructura público financiado con capitales privados. El MOP estableció los siguientes objetivos:

● Hacer una vía moderna, segura, que mejorara los tiempos de viaje.

● La concesión permitía al Estado destinar recursos publicos a la inversión social, a fin de reducir los niveles de pobreza.

● Los operadores privados serían los encargados de conservar la ruta en óptimas condiciones y velar por el buen servicio para los usuarios.

La concesión de la ruta 5, tramo Santiago-Los Vilos, comenzó a operar el 3 de marzo de 1997. A fines del 2015 se inició el proyecto Autovía Santiago-Lampa (por Globalvia), un proyecto de 15 kilómetros que significó el cambio de ruta estándar a autopista urbana, desde el enlace de Américo Vespucio hasta la plaza Peaje de Lampa. Es en agosto de 2018 cuando comenzó a operar, en esta ruta, el sistema de Tag o ‘free flow’ que incluyó al Peaje de Lampa. Esta implementación no estuvo exenta de manifestaciones en contra. Recordar que por aquellos años surgió la organización ciudadana No+Tag, vigente hasta hoy.

Hay que decir que en las ultimas décadas los peajes proliferaron a lo largo del país, por tanto, hacer Peaje, es decir, hacer un pago por el derecho a poner un pie, un neumático, en una ruta concesionada está resultando en sumatoria un monto que excede lo justo.

Peaje de Lampa 2024

Las moras

En nuestro valle, a orilla de caminos y canales de riego, se observan cada vez menos plantas de origen nativo. En este sentido el palqui es uno de los arbustos que con más frecuencia se puede observar. Dentro de este contexto aún es posible visualizar las zarzamoras, que si bien fueron introducidas en el siglo XIX, en corto tiempo se hicieron parte constitutiva de la composición de nuestro paisaje rural (más bien semi rural en la actualidad). Por sus características, abundante ramaje y espinas, la introducción de la zarzamora (rubus ulmifolius) tuvo por objetivo hacer setos impenetrables y que así mismo neutralizaran la polvareda que se levantaba en los multiples caminos de tierra.


Un concepto que me evoca las zarzamoras es el entusiasmo. Y es que hace no muchas décadas, en el apogeo del verano, era cuando estos arbustos lucían sus frutos oscuros, sus moras. Era la llegada de la época en la que  grupos de niños, jóvenes o familias llenos de entusiasmo recurrían a sus zarzamoras conocidas para cosechar sus frutos. A veces, en su mayoría, tocaba sortear algunos obstáculos como acequias con abundante agua, a veces tocaba evitar los rasguños de espinas, a veces tocaba aspirar el polvo que era removido de sus hojas tras desprender las moras. Aquello solo eran detalles de una aventura, la motivación mayor consistía en cosechar la mayor cantidad de moras o murras, como son llamadas en el sur, pues una generosa cosecha significaba la elaboración de una dulce y apetitosa mermelada.

Era común escuchar desde las zarzamoras cuchicheos pero sobre todo risas, risas que parecían estar en sintonía con esa energía que nos hace sentir vivos y alegres, el entusiasmo (de ‘en’ + ‘theos’) que significa nada más ni nada menos que tener a Dios  adentro.

Aires de septiembre

Rememorar 1959. Aquel año el presidente era Jorge Alessandri Rodríguez, se establece por moneda el Escudo,  la universidad Católica de Valparaíso (ucv) comienza sus transmisiones televisivas y en Washington se firma el tratado Antártico que establece que la Antártica será usada exclusivamente para fines pacíficos y científicos.

Ese mismo año, un primaveral día de septiembre, la comunidad del fundo Santa Marta (Colina) se reunía a los pies del cerro, en cercanía a la medialuna.  Fue un día de campo, un día de esparcimiento, un día de respirar la brisa de primavera y de sentir el abundante manto verde inspirador de buenas cosechas. Hulllies, azulillos, añañucas, se asoman  por montones en esta época, mientras las amarillas flores de los espinos emanan sus intensos aromas. A la par el ambiente resuena con el sinfónico trinar de los pajaritos, tan parte del valle como la comunidad misma.

“En las celebraciones al patrón le gustaba ver reunidos a los inquilinos con sus familias. Los hacía bailar, era alegre el hombre”.

Varias veces fui a observar el lugar, en mi caso nunca vi medialuna.  Por años se mantuvo la esencia nativa del  paisaje, el verdor tras el invierno,  los espinos, algunos algarrobos y de fondo húmedas quebradas, que hacían sentir vívidas las radiantes sonrisas y el entusiasta baile zapateado del administrador. Venía al presente la alegría de ese día de esparcimiento y del compartir en comunidad, en un entonces en que poco se vislumbraba el advenimiento de transformaciones en la fisonomía del campo chileno.

Al hoy la falda del cerro, donde otrora estaba la medialuna, fue dando lugar al proyecto inmobiliario de Santa Elena. Por añadidura el paisaje ya no es tal, independiente de como lo veamos, hay  una constante: el cambio. A pesar de ello, quedan las emociones que se transforman en sentimientos que pueden traer una y otra vez a aquellas vivencias. Es por ello que no vemos fotos viejas como algo propio del pasado, sus historias no son algo que estén aparte del presente, de hecho somos producto de una historia viva, pues siempre hay historia por ser descubierta sólo hace falta una pregunta, un indagador o un lector que como ahora  revele  sus propias emociones y memorias para fundirlas con estas imágenes y palabras.

Como aquel septiembre de 1959, poco sabemos qué nos deparan los próximos años, sin embargo, habrá cambios, nuevas formas, nuevas personas. El mensaje de 1959 es constante: diversión, abrazando desde el corazón esta  tierra que nos conecta.

Caminos

Caminos transitados por antepasados, cada quien con sus anhelos, conflictos, emociones. Nuestros ancestros son el vehículo que condujo hacia nosotros mismos, por eso reconocer la herencia cultural y cuidar los caminos que elejimos es, en esencia, honrarnos.

Carta caminera 1980 (fuente mop)

El Resplandor

Tras esos cerros la noche se alumbró de la nada, como un gran fuego. 
¡Si no lo veo, no lo creo! pero yo lo viví...

¡No corra!

La historia del Restaurant El Rinconcito ha sido de cara a la ruta 5 norte: Esso, Esso a Montenegro. *

¡No corra, almuerzo y bebida hay todo el día!

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*Parte en 14 de la fama, luego Lo Pinto (a orillas del río), hoy en Montenegro